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  • Microorganismos para el tratamiento de raíces:

    Hongos micorrícicos, Trichoderma y bacterias benéficas (PGPR)

    En esta sección se contestan preguntas frecuentes sobre nuestros microorganismos para el tratamiento de raíces en cuanto a su aplicación, eficacia, compatibilidad, durabilidad, calidad y seguridad.

    ¿Cuántas veces hay que aplicar los microorganismos y en qué cantidades?

    En general aplica la regla de oro:

    Mejor pequeñas cantidades con frecuencia que una gran cantidad una sola vez. El objetivo es mantener poblaciones estables en el suelo que permanezcan más tiempo protegiendo las raíces.

    Microorganismos de vida libre, como las rizobacterias y Trichoderma, forman inicialmente grandes poblaciones que pueden colapsar durante el ciclo del cultivo. En este caso el inóculo se debería aplicar varias veces.

    Además, se mantiene una gama de especies benéficas más amplia si se aplican refuerzos de pequeñas cantidades por tiempos prolongados. Cuando varias especies de microorganismos colonizan la superficie de la raíz, con el tiempo algunas especies se vuelven más dominantes que otras. Así puede ocurrir que una especie que logró poblar una gran parte de la raíz al inicio, ya no se puede encontrar después de algún tiempo. Sin embargo, posiblemente aquella especie aporta valiosas funciones para el cultivo en una fase fenológica posterior, por ejemplo durante el cuajado o crecimiento del fruto que demanda muchos nutrientes.

    La situación cambia para microorganismos que están asociados estrechamente con el tejido vegetal de la raíz, como son los hongos micorrícicos y los rizobios de las leguminosas. Una planta que se inoculó bien y por completo después de su germinación, sigue manteniendo estos socios simbióticos hasta el fin de su vida. En este caso un refuerzo por lo regular tiene menos sentido.

    Refuerzos con EndosporMR

    No obstante, en la práctica frecuentemente se presentan sorpresas positivas al reforzar con hongos endomicorrícicos. Por ejemplo, plantas maduras de frutales y vid muchas veces se benefician de una nueva micorrización con EndosporMR. Este “efecto refrescante” probablemente tiene su origen en la competencia entre varias especies de hongos micorrícicos. Con el refuerzo las cepas de alto rendimiento para la planta logran desplazar a especies menos eficaces en partes del sistema radicular.

    El refuerzo se debe aplicar en el momento del rebrote de las raíces. En regiones templadas esto sucede en primavera. En regiones tropicales y subtropicales el momento más idóneo es durante la época de lluvias o, en caso de contar con sistema de riego, al terminar el invierno.

    ¿Se deberían reproducir los microorganismos antes de su aplicación?

    Algunos usuarios reproducen concentrados comerciales de esporas antes de la aplicación en un proceso de crecimiento de varios días bajo condiciones no-estériles. El objetivo de este “enriquecimiento” es la obtención de más material de inoculación para el tratamiento de las plantas. Microorganismos cuyas esporas ya hayan germinado y formado colonias o micelio están mejor preparados para colonizar la superficie de la raíz de manera inmediata.

    Esta propagación puede ser ventajosa en ocasiones. Sin embargo, nosotros opinamos que en la mayoría de los casos no es justificada frente al creciente número de productos a base de microorganismos tecnológicamente maduros que se obtienen a buen precio. Por lo regular no aconsejamos invertir tiempo y dinero en una reproducción innecesaria por la poca utilidad que representa y la larga lista de posibles desventajas.

    La reproducción requiere de una fuente de energía (melaza, dextrosa…), nutrientes (N, P…) y otras fuentes de materia orgánica (composta, fibras…). Restos de estos materiales puede ocasionar consecuencias imprevisibles para los cultivos. Estos restos se pueden presentar como resultado de una digestión incompleta por parte de los microorganismos, por ejemplo a causa de una terminación prematura del proceso de reproducción.

    Finalmente, solo un aumento en la eficacia de los microorganismos puede justificar la inversión adicional en costos y tiempo que implica la reproducción por el usuario. Este cálculo normalmente no resulta favorable para una empresa agroindustrial que busca optimizar sus utilidades.

    Posibles desventajas de una reproducción previa a la aplicación

    Restos de azúcares no-digeridos pueden fungir como fuente de energía rápidamente aprovechable para patógenos que ya crecen en el cultivo, como son Erwinia, Xanthomonas o Phytophthora. Estos organismos ya establecidos tienen la ventaja sobre los recién-llegados de haberse adaptado a su entorno, por lo cual son capaces de aprovechar el azúcar para un crecimiento exponencial antes de que los microorganismos benéficos puedan contrarrestar. Este peligro es especialmente grande cuando sobran remanentes en la parte foliar después de una aplicación por aspersión.

    La introducción adicional de restos de nitrato y fosfato puede causar desbalance en una producción de plantas que se encuentra en un equilibrio nutricional optimizado. Este desbalance puede afectar sobretodo el manejo de sistemas hidropónicos y semi-hidropónicos altamente tecnificados y computarizados. Existen casos en los cuales los microorganismos reproducidos por el usuario entran en competencia por los nutrientes con las plantas. Esto no puede ocurrir con la simple aplicación de nuestros concentrados de alta tecnología.

    Se pueden introducir y reproducir patógenos cuando se usa material vegetal crudo como fuente de carbón. Este material debería someterse previamente a un proceso de composteo en el cual se alcanzan altas temperaturas que matan hongos y bacterias causantes de enfermedades. En cambio, las altas temperaturas se tienen que evitar al propagar rizobacterias y Trichoderma.

    El punto anterior conlleva a la siguiente reflexión general: inoculantes comerciales de alta calidad consisten en mezclas de cepas puras, producidas bajo supervisión estricta en bioreactores industriales y estériles. Microorganismos no-deseados están ausentes en este tipo de incubación. Todas las condiciones importantes para el crecimiento se determinan de manera exacta para que las cepas no pierdan sus propiedades benéficas. Además, el medio de cultivo no aprovechado por los microorganismos se elimina prácticamente en su totalidad. Todos estos factores resultan en productos de una calidad alta y uniforme que se controla de manera continua según criterios objetivos y científicos. Esto es importante porque es la única manera que permite reproducir los buenos resultados que se alcanzaron en el primer año de la aplicación de manera continua en los años siguientes.

    En comparación, el proceso de propagación artesanal implica muchos factores incontrolables. Modificaciones en la duración y/o la temperatura de fermentación pueden resultar en cambios dramáticos de la composición de especies. Se puede afectar la consistencia y el método de aplicación del producto y es posible que no permitan eliminar el medio de cultivo sobrante adecuadamente. Cultivando muchas especies en un mismo caldo puede desfavorecer a especies individuales que pierden la competencia. Hongos micorrícicos, por ejemplo, no pueden crecer de esta manera y muchas veces no sobreviven al proceso. Las especies restantes pueden perder sus propiedades deseadas parcialmente. Cambios significativos en el producto final propician diferentes resultados en el cultivo. Las múltiples variaciones pueden ocasionar sorpresas que afectan la planeación y organización de los demás procesos de producción y que, en el peor de los casos, resultan en bajas.

    ¿Existe una sobredosis en la aplicación de microorganismos?

    La fertilización con una sobredosis de sales minerales puede resultar en la “quema” de las plantas. Esto no se observa en la aplicación de microorganismos. Ellos hacen su trabajo o se mueren; técnicamente no existe una sobredosis. Más bien, el arte de la dosificación consiste en determinar una cantidad suficiente de producto para lograr el efecto deseado – dentro de un marco presupuestal apropiado.

    ¿Con qué cantidad de agua se tienen que aplicar los microorganismos?

    Nuestros productos son polvos finos o granulados. Para algunas aplicaciones se mezclan con el sustrato o se adhieren a las semillas. A menudo se mezclan con agua y de esta manera se asperjan o se aplican por el sistema de riego.

    Diferencias entre aplicaciones al follaje y raíz

    Hay que calibrar la cantidad del agua con más exactitud en la aplicación de concentrados de esporas a la parte foliar, por ejemplo como bioinsecticidas a base de Bacillus thuringiensis, Beauveria bassiana o Metarhizium anisopliae. El funcionamiento correcto de los productos depende de la completa cobertura de la superficie foliar. Al mismo tiempo, es indispensable aumentar la concentración de esporas para maximizar la probabilidad de que alcancen a todos los patógenos en la parte foliar.

    En aplicaciones al suelo son factores menos críticos la cubertura completa de la superficie de la raíz y la concentración de las esporas en cada punto del sistema radicular. Bacterias y hongos pueden extenderse por la formación de colonias y micelios. Gracias a la materia orgánica del suelo, estos saprofitos pueden crecer hacia la raíz y hacia los patógenos a suprimir. La opinión convencional es que esto es imposible casi siempre para esporas de microorganismos que caen en la cutícula de la parte foliar, pobre en nutrientes.

    Para el producto BactivaMR, por ejemplo, ha resultado apropiada una relación de 30g en 10L de agua. Es importante que las esporas de los microorganismos entren en la zona radicular, aplicando una cantidad suficiente de agua. Sin embargo, no se debería sobrepasar la capacidad de absorción de agua del sustrato para no lavar las esporas de la zona de las raíces (por ejemplo, hay que evitar que goteen las charolas de germinación).

    La cantidad exacta del agua no es importante desde el punto de vista biológico, mientras que haya suficiente agua disponible para la germinación de las esporas. En la aplicación, el agua cumple una función de vehículo. Al determinar la cantidad de agua hay que contemplar cuestiones prácticas de aplicación, porque el objetivo es introducir las esporas lo más completo posible en la zona radicular. Dependiendo del método y del equipo de aplicación, se debe aplicar el agua necesaria para la distribución uniforme del producto dentro de cada unidad de producción (charola, maceta, bancal, parcela o huerta).

    ¿Hay que ajustar el pH del agua con la cual se mezclan los microorganismos?

    Todos los microorganismos cuentan con un rango preferido de pH en lo cual crecen y se vuelven especialmente eficaces. Por esta razón, algunos fabricantes insisten en el ajuste del pH del agua antes de la mezcla con sus productos. Nosotros no lo recomendamos porque los microorganismos escogidos por nuestra empresa toleran una solución ácida o alcalina dentro del rango aceptable para agua de riego o soluciones nutritivas. Por lo tanto, no es necesario ajustar el pH del agua para la mezcla.

    En última instancia, lo que es clave para la eficacia de los microorganismos, es el pH que encuentran en la rizósfera y el suelo. Las cepas usadas por nuestra empresa cuentan con una mayor tolerancia de valores de pH extremos que la planta. Esto explica porque plantas inoculadas frecuentemente crecen mejor en suelos extremadamente ácidos o alcalinos que plantas sin tratamiento. Por ejemplo, después de varios años de intentos frustrados sin la micorriza, solamente con el apoyo del hongo ectomicorrícico Pisolithus tinctorius, se logró reforestar suelos mineros extremadamente ácidos en los Estados Unidos.

    ¿Cuándo resulta especialmente benéfico aplicar microorganismos?

    La introducción regular de microorganismos benéficos puede mejorar el éxito de la producción cuando condiciones adversas influyen negativamente sobre el crecimiento de las plantas y los organismos del suelo. Suprimen el desarrollo de los patógenos mientras que estimulan el crecimiento de las partes sanas de la raíz, por ejemplo cuando están heridas por trasplantes o dañadas por enfermedades o compactación del suelo.

    En la práctica, se observa que tras la introducción de microorganismos benéficos en suelos que han sido tratados convencionalmente, muchas veces el cultivo responde con una mejor asimilación de nutrientes y un mayor crecimiento y rendimiento.

    También se recomienda aplicar microorganismos cuando es imposible que cepas y especies benéficas se introduzcan en números suficientes por el aire para poblar la raíz. Esto es especialmente importante para los hongos endomicorrícicos que poseen esporas de diámetros grandes. Estos hongos por lo regular no pueden llegar por el aire para inocular charolas de germinación.

    Micorrización

    Plántulas que germinan en peat moss o sustratos parecidos normalmente no pueden formar micorrizas sin la aplicación de esporas de hongos micorrícicos. Inoculando estas plantas en una fase temprana, se le da la posibilidad al hongo de crecer a lo largo de la raíz. El hongo pasa por un proceso de maduración, similar al desarrollo de la planta. En el momento del trasplante el micelio ya está bien desarrollado y esto ayuda a la planta a superar el estrés del trasplante. Plántulas no-micorrizadas por lo regular encuentran tarde o temprano hongos micorrícicos del campo. Sin embargo, en el caso de una micorrización tardía pierden una ventaja importante en un momento crítico de su ciclo de desarrollo.

    Dentro de la gran variedad de cultivos que se benefician de la micorrización destacan aquellos que dan altos rendimientos durante muchos años, como por ejemplo vid o frutales. Se recomienda tratar estas plantas con Endosporᴹᴿ en una fase temprana y repetidamente porque existe una relación altamente favorable entre los bajos costos del tratamiento y sus grandes beneficios potenciales. El caso es diferente en cultivos de vida corta. Los costos de la micorrización de lechuga, por ejemplo, pueden superar los beneficios. En este caso un ensayo en campo puede aclarar si la inversión está justificada.

    ¿Por qué todavía no utilizan microorganismos todos los horticultores y agricultores?

    Aunque el uso de microorganismos en la producción de plantas está en aumento a nivel mundial, su aplicación está todavía en los inicios. Su potencial para complementar o reemplazar fertilizantes y plaguicidas químicos está científicamente comprobado. Sin embargo, en la realidad comercial existe una presencia casi insignificante en comparación con el predominio de los productos químicos tradicionales. Las razones son complejas y pueden causar controversia.

    Muchos proveedores de plaguicidas biológicos opinan que los usuarios y legisladores están influenciados por la intensa presión de la poderosa industria química. Los fabricantes de alternativas biológicas también han aumentado la presión en los últimos años. Aún así, el impacto de los corporativos multinacionales de la industria química rebasa los esfuerzos de estas empresas, tendencialmente pequeñas, locales y orientadas hacia los servicios.

    Pequeños fabricantes de productos biológicos no pueden cumplir con los altos estándares para el registro de plaguicidas marcados por los corporativos de la industria química. Por lo menos esto aplica para esta fase inicial en la cual todavía no existen mercados grandes y lucrativos que justificarían tales inversiones.

    Como resultado, los productos se clasifican como “mejoradores de suelo” o “fitofortificantes” y se restringe la información a declaraciones ambiguas, mencionando las propiedades protectoras para la planta solamente como “efectos secundarios”. Así, los productos biológicos con efectos científicamente comprobados se categorizan junto con productos de reputación cuestionable que no pasarían por pruebas científicas de eficacia.

    “Usuarios conservadores”

    Muchos horticultores y agricultores tienen la reputación de no dejarse convencer fácilmente por las innovaciones. Sin embargo, el sector agropecuario se ha transformado gracias a todas aquellas innovaciones como la computarización y la globalización que también afectan a otras ramas de la economía. Este sector tampoco carece de crisis regulares y frecuentes que empujan hacia la experimentación, como son el aumento de los precios por la energía y los fertilizantes o las restricciones de plaguicidas por razones de resistencia y prohibiciones.

    Por lo regular, el usuario carece de estándares de calidad reconocidos por toda la industria que le ayuden a seleccionar entre diversos productos de microorganismos. El problema empieza con la concentración de los ingredientes activos declarados en la etiqueta. Solamente se puede comprobar la concentración por medio de análisis costosos. En consecuencia este aspecto vital se vuelve una cuestión de confianza hacia el proveedor. Por tal razón unos pocos productos de calidad dudosa pueden dañar la reputación de toda una industria, principalmente cuando proveedores poco serios hacen promesas exageradas para realizar ventas rápidas.

    Con el creciente interés en los productos y con un mayor volumen de ventas, aumenta el número de productos de alta calidad disponibles y el reconocimiento de marcas por parte del consumidor. Nosotros miramos con buenas expectativas hacia el futuro y opinamos que las innovaciones que se establecerán al final son aquellas que aporten un valor agregado real.

    ¿Se pueden usar microorganismos del suelo en la parte foliar para controlar enfermedades o como biofertilizantes?

    Para los hongos micorrícicos es imposible crecer en la parte foliar. Se tienen que aplicar forzosamente en la cercanía las raíces. La situación cambia en el caso de bacterias y hongos de vida libre provenientes de la rizósfera. Normalmente pueden crecer en la parte foliar de la planta mientras que encuentren una base alimenticia. Sin embargo, se enfrentan a una serie de problemas que les dificultan la conquista de este hábitat.

    El suelo y la rizósfera abastecen una abundante oferta de alimento orgánico, pero la cutícula de las hojas carece casi por completo de nutrientes (filósfera). Bacillus y Trichoderma no se pueden desplazar activamente; se propagan creciendo en un medio de cultivo por la formación de colonias y micelio. Inmovibles, sin fuente de energía y expuestos a los peligros del desecamiento y la radiación ultravioleta, casi no pueden aportar a la protección o fertilización de la planta.

    Excepciones

    Existen algunas aplicaciones exitosas de microorganismos del suelo en la parte foliar, a pesar de las condiciones adversas de este ambiente. Por ejemplo, tratando la salida de una colmena de abejas con Trichoderma se puede lograr que las conidias se adhieran a las patas de los polinizadores que pisan por el área. Así los transportan a las flores de fresa donde participan en la prevención de Botrytis en el cuaje de los frutos. Nuestros microorganismos antagónicos del suelo también pueden ejercer una cierta función protectora para el cuello de la planta que sufre una mayor amenaza por problemas de pudrición.

    ¿Se puede promover un crecimiento selectivo de los microorganismos benéficos?

    Nuestros microorganismos de vida libre extraen energía de la descomposición de materia orgánica. Para esto necesitan una gama de suplementos que se adicionan a un medio de cultivo en el cual se hacen crecer en el laboratorio. Agregando estos compuestos al suelo, todos los microorganismos los aprovechan sin importar si se trata de especies benéficas o dañinas. Por lo tanto, no es posible promover exclusivamente el desarrollo de los microorganismos deseables.

    No obstante, se recomienda la aplicación de compuestos que promueven el crecimiento de los microorganismos del suelo en general. Una comunidad biológicamente activa y ecológicamente estable en el suelo resulta en plantas menos susceptibles a los ataques de patógenos. Siempre se debe evitar la aplicación de fuentes de energía de rápido acceso, como azúcares que se digieren fácilmente. La vida microbiana también se ve favorecida por materiales con microcavidades que propician un ambiente benigno para su crecimiento.

    Nuevos enfoques

    Aparte de estas consideraciones generales, existen intentos recientes de favorecer exclusivamente el crecimiento de microorganismos deseables. Algunos compuestos a base de polifenoles se consideran como mensajeros que estimulan la colonización de las raíces por hongos endomicorrícicos. La aplicación de medios de cultivo selectivos en la cutícula de la parte foliar que normalmente carece de nutrientes promueve el crecimiento de microorganismos específicos. Sin embargo, estas estrategias todavía no se han podido establecer a nivel comercial.

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    FAQ

    Microorganismos para el tratamiento de raíces:

    Hongos micorrícicos, Trichoderma y bacterias benéficas (PGPR)

    En esta sección se contestan preguntas frecuentes sobre nuestros microorganismos para el tratamiento de raíces en cuanto a su aplicación, eficacia, compatibilidad, durabilidad, calidad y seguridad.

    ¿Cuántas veces hay que aplicar los microorganismos y en qué cantidades?

    En general aplica la regla de oro:

    Mejor pequeñas cantidades con frecuencia que una gran cantidad una sola vez. El objetivo es mantener poblaciones estables en el suelo que permanezcan más tiempo protegiendo las raíces.

    Microorganismos de vida libre, como las rizobacterias y Trichoderma, forman inicialmente grandes poblaciones que pueden colapsar durante el ciclo del cultivo. En este caso el inóculo se debería aplicar varias veces.

    Además, se mantiene una gama de especies benéficas más amplia si se aplican refuerzos de pequeñas cantidades por tiempos prolongados. Cuando varias especies de microorganismos colonizan la superficie de la raíz, con el tiempo algunas especies se vuelven más dominantes que otras. Así puede ocurrir que una especie que logró poblar una gran parte de la raíz al inicio, ya no se puede encontrar después de algún tiempo. Sin embargo, posiblemente aquella especie aporta valiosas funciones para el cultivo en una fase fenológica posterior, por ejemplo durante el cuajado o crecimiento del fruto que demanda muchos nutrientes.

    La situación cambia para microorganismos que están asociados estrechamente con el tejido vegetal de la raíz, como son los hongos micorrícicos y los rizobios de las leguminosas. Una planta que se inoculó bien y por completo después de su germinación, sigue manteniendo estos socios simbióticos hasta el fin de su vida. En este caso un refuerzo por lo regular tiene menos sentido.

    Refuerzos con EndosporMR

    No obstante, en la práctica frecuentemente se presentan sorpresas positivas al reforzar con hongos endomicorrícicos. Por ejemplo, plantas maduras de frutales y vid muchas veces se benefician de una nueva micorrización con EndosporMR. Este “efecto refrescante” probablemente tiene su origen en la competencia entre varias especies de hongos micorrícicos. Con el refuerzo las cepas de alto rendimiento para la planta logran desplazar a especies menos eficaces en partes del sistema radicular.

    El refuerzo se debe aplicar en el momento del rebrote de las raíces. En regiones templadas esto sucede en primavera. En regiones tropicales y subtropicales el momento más idóneo es durante la época de lluvias o, en caso de contar con sistema de riego, al terminar el invierno.

    ¿Se deberían reproducir los microorganismos antes de su aplicación?

    Algunos usuarios reproducen concentrados comerciales de esporas antes de la aplicación en un proceso de crecimiento de varios días bajo condiciones no-estériles. El objetivo de este “enriquecimiento” es la obtención de más material de inoculación para el tratamiento de las plantas. Microorganismos cuyas esporas ya hayan germinado y formado colonias o micelio están mejor preparados para colonizar la superficie de la raíz de manera inmediata.

    Esta propagación puede ser ventajosa en ocasiones. Sin embargo, nosotros opinamos que en la mayoría de los casos no es justificada frente al creciente número de productos a base de microorganismos tecnológicamente maduros que se obtienen a buen precio. Por lo regular no aconsejamos invertir tiempo y dinero en una reproducción innecesaria por la poca utilidad que representa y la larga lista de posibles desventajas.

    La reproducción requiere de una fuente de energía (melaza, dextrosa…), nutrientes (N, P…) y otras fuentes de materia orgánica (composta, fibras…). Restos de estos materiales puede ocasionar consecuencias imprevisibles para los cultivos. Estos restos se pueden presentar como resultado de una digestión incompleta por parte de los microorganismos, por ejemplo a causa de una terminación prematura del proceso de reproducción.

    Finalmente, solo un aumento en la eficacia de los microorganismos puede justificar la inversión adicional en costos y tiempo que implica la reproducción por el usuario. Este cálculo normalmente no resulta favorable para una empresa agroindustrial que busca optimizar sus utilidades.

    Posibles desventajas de una reproducción previa a la aplicación

    Restos de azúcares no-digeridos pueden fungir como fuente de energía rápidamente aprovechable para patógenos que ya crecen en el cultivo, como son Erwinia, Xanthomonas o Phytophthora. Estos organismos ya establecidos tienen la ventaja sobre los recién-llegados de haberse adaptado a su entorno, por lo cual son capaces de aprovechar el azúcar para un crecimiento exponencial antes de que los microorganismos benéficos puedan contrarrestar. Este peligro es especialmente grande cuando sobran remanentes en la parte foliar después de una aplicación por aspersión.

    La introducción adicional de restos de nitrato y fosfato puede causar desbalance en una producción de plantas que se encuentra en un equilibrio nutricional optimizado. Este desbalance puede afectar sobretodo el manejo de sistemas hidropónicos y semi-hidropónicos altamente tecnificados y computarizados. Existen casos en los cuales los microorganismos reproducidos por el usuario entran en competencia por los nutrientes con las plantas. Esto no puede ocurrir con la simple aplicación de nuestros concentrados de alta tecnología.

    Se pueden introducir y reproducir patógenos cuando se usa material vegetal crudo como fuente de carbón. Este material debería someterse previamente a un proceso de composteo en el cual se alcanzan altas temperaturas que matan hongos y bacterias causantes de enfermedades. En cambio, las altas temperaturas se tienen que evitar al propagar rizobacterias y Trichoderma.

    El punto anterior conlleva a la siguiente reflexión general: inoculantes comerciales de alta calidad consisten en mezclas de cepas puras, producidas bajo supervisión estricta en bioreactores industriales y estériles. Microorganismos no-deseados están ausentes en este tipo de incubación. Todas las condiciones importantes para el crecimiento se determinan de manera exacta para que las cepas no pierdan sus propiedades benéficas. Además, el medio de cultivo no aprovechado por los microorganismos se elimina prácticamente en su totalidad. Todos estos factores resultan en productos de una calidad alta y uniforme que se controla de manera continua según criterios objetivos y científicos. Esto es importante porque es la única manera que permite reproducir los buenos resultados que se alcanzaron en el primer año de la aplicación de manera continua en los años siguientes.

    En comparación, el proceso de propagación artesanal implica muchos factores incontrolables. Modificaciones en la duración y/o la temperatura de fermentación pueden resultar en cambios dramáticos de la composición de especies. Se puede afectar la consistencia y el método de aplicación del producto y es posible que no permitan eliminar el medio de cultivo sobrante adecuadamente. Cultivando muchas especies en un mismo caldo puede desfavorecer a especies individuales que pierden la competencia. Hongos micorrícicos, por ejemplo, no pueden crecer de esta manera y muchas veces no sobreviven al proceso. Las especies restantes pueden perder sus propiedades deseadas parcialmente. Cambios significativos en el producto final propician diferentes resultados en el cultivo. Las múltiples variaciones pueden ocasionar sorpresas que afectan la planeación y organización de los demás procesos de producción y que, en el peor de los casos, resultan en bajas.

    ¿Existe una sobredosis en la aplicación de microorganismos?

    La fertilización con una sobredosis de sales minerales puede resultar en la “quema” de las plantas. Esto no se observa en la aplicación de microorganismos. Ellos hacen su trabajo o se mueren; técnicamente no existe una sobredosis. Más bien, el arte de la dosificación consiste en determinar una cantidad suficiente de producto para lograr el efecto deseado – dentro de un marco presupuestal apropiado.

    ¿Con qué cantidad de agua se tienen que aplicar los microorganismos?

    Nuestros productos son polvos finos o granulados. Para algunas aplicaciones se mezclan con el sustrato o se adhieren a las semillas. A menudo se mezclan con agua y de esta manera se asperjan o se aplican por el sistema de riego.

    Diferencias entre aplicaciones al follaje y raíz

    Hay que calibrar la cantidad del agua con más exactitud en la aplicación de concentrados de esporas a la parte foliar, por ejemplo como bioinsecticidas a base de Bacillus thuringiensis, Beauveria bassiana o Metarhizium anisopliae. El funcionamiento correcto de los productos depende de la completa cobertura de la superficie foliar. Al mismo tiempo, es indispensable aumentar la concentración de esporas para maximizar la probabilidad de que alcancen a todos los patógenos en la parte foliar.

    En aplicaciones al suelo son factores menos críticos la cubertura completa de la superficie de la raíz y la concentración de las esporas en cada punto del sistema radicular. Bacterias y hongos pueden extenderse por la formación de colonias y micelios. Gracias a la materia orgánica del suelo, estos saprofitos pueden crecer hacia la raíz y hacia los patógenos a suprimir. La opinión convencional es que esto es imposible casi siempre para esporas de microorganismos que caen en la cutícula de la parte foliar, pobre en nutrientes.

    Para el producto BactivaMR, por ejemplo, ha resultado apropiada una relación de 30g en 10L de agua. Es importante que las esporas de los microorganismos entren en la zona radicular, aplicando una cantidad suficiente de agua. Sin embargo, no se debería sobrepasar la capacidad de absorción de agua del sustrato para no lavar las esporas de la zona de las raíces (por ejemplo, hay que evitar que goteen las charolas de germinación).

    La cantidad exacta del agua no es importante desde el punto de vista biológico, mientras que haya suficiente agua disponible para la germinación de las esporas. En la aplicación, el agua cumple una función de vehículo. Al determinar la cantidad de agua hay que contemplar cuestiones prácticas de aplicación, porque el objetivo es introducir las esporas lo más completo posible en la zona radicular. Dependiendo del método y del equipo de aplicación, se debe aplicar el agua necesaria para la distribución uniforme del producto dentro de cada unidad de producción (charola, maceta, bancal, parcela o huerta).

    ¿Hay que ajustar el pH del agua con la cual se mezclan los microorganismos?

    Todos los microorganismos cuentan con un rango preferido de pH en lo cual crecen y se vuelven especialmente eficaces. Por esta razón, algunos fabricantes insisten en el ajuste del pH del agua antes de la mezcla con sus productos. Nosotros no lo recomendamos porque los microorganismos escogidos por nuestra empresa toleran una solución ácida o alcalina dentro del rango aceptable para agua de riego o soluciones nutritivas. Por lo tanto, no es necesario ajustar el pH del agua para la mezcla.

    En última instancia, lo que es clave para la eficacia de los microorganismos, es el pH que encuentran en la rizósfera y el suelo. Las cepas usadas por nuestra empresa cuentan con una mayor tolerancia de valores de pH extremos que la planta. Esto explica porque plantas inoculadas frecuentemente crecen mejor en suelos extremadamente ácidos o alcalinos que plantas sin tratamiento. Por ejemplo, después de varios años de intentos frustrados sin la micorriza, solamente con el apoyo del hongo ectomicorrícico Pisolithus tinctorius, se logró reforestar suelos mineros extremadamente ácidos en los Estados Unidos.

    ¿Cuándo resulta especialmente benéfico aplicar microorganismos?

    La introducción regular de microorganismos benéficos puede mejorar el éxito de la producción cuando condiciones adversas influyen negativamente sobre el crecimiento de las plantas y los organismos del suelo. Suprimen el desarrollo de los patógenos mientras que estimulan el crecimiento de las partes sanas de la raíz, por ejemplo cuando están heridas por trasplantes o dañadas por enfermedades o compactación del suelo.

    En la práctica, se observa que tras la introducción de microorganismos benéficos en suelos que han sido tratados convencionalmente, muchas veces el cultivo responde con una mejor asimilación de nutrientes y un mayor crecimiento y rendimiento.

    También se recomienda aplicar microorganismos cuando es imposible que cepas y especies benéficas se introduzcan en números suficientes por el aire para poblar la raíz. Esto es especialmente importante para los hongos endomicorrícicos que poseen esporas de diámetros grandes. Estos hongos por lo regular no pueden llegar por el aire para inocular charolas de germinación.

    Micorrización

    Plántulas que germinan en peat moss o sustratos parecidos normalmente no pueden formar micorrizas sin la aplicación de esporas de hongos micorrícicos. Inoculando estas plantas en una fase temprana, se le da la posibilidad al hongo de crecer a lo largo de la raíz. El hongo pasa por un proceso de maduración, similar al desarrollo de la planta. En el momento del trasplante el micelio ya está bien desarrollado y esto ayuda a la planta a superar el estrés del trasplante. Plántulas no-micorrizadas por lo regular encuentran tarde o temprano hongos micorrícicos del campo. Sin embargo, en el caso de una micorrización tardía pierden una ventaja importante en un momento crítico de su ciclo de desarrollo.

    Dentro de la gran variedad de cultivos que se benefician de la micorrización destacan aquellos que dan altos rendimientos durante muchos años, como por ejemplo vid o frutales. Se recomienda tratar estas plantas con Endosporᴹᴿ en una fase temprana y repetidamente porque existe una relación altamente favorable entre los bajos costos del tratamiento y sus grandes beneficios potenciales. El caso es diferente en cultivos de vida corta. Los costos de la micorrización de lechuga, por ejemplo, pueden superar los beneficios. En este caso un ensayo en campo puede aclarar si la inversión está justificada.

    ¿Por qué todavía no utilizan microorganismos todos los horticultores y agricultores?

    Aunque el uso de microorganismos en la producción de plantas está en aumento a nivel mundial, su aplicación está todavía en los inicios. Su potencial para complementar o reemplazar fertilizantes y plaguicidas químicos está científicamente comprobado. Sin embargo, en la realidad comercial existe una presencia casi insignificante en comparación con el predominio de los productos químicos tradicionales. Las razones son complejas y pueden causar controversia.

    Muchos proveedores de plaguicidas biológicos opinan que los usuarios y legisladores están influenciados por la intensa presión de la poderosa industria química. Los fabricantes de alternativas biológicas también han aumentado la presión en los últimos años. Aún así, el impacto de los corporativos multinacionales de la industria química rebasa los esfuerzos de estas empresas, tendencialmente pequeñas, locales y orientadas hacia los servicios.

    Pequeños fabricantes de productos biológicos no pueden cumplir con los altos estándares para el registro de plaguicidas marcados por los corporativos de la industria química. Por lo menos esto aplica para esta fase inicial en la cual todavía no existen mercados grandes y lucrativos que justificarían tales inversiones.

    Como resultado, los productos se clasifican como “mejoradores de suelo” o “fitofortificantes” y se restringe la información a declaraciones ambiguas, mencionando las propiedades protectoras para la planta solamente como “efectos secundarios”. Así, los productos biológicos con efectos científicamente comprobados se categorizan junto con productos de reputación cuestionable que no pasarían por pruebas científicas de eficacia.

    “Usuarios conservadores”

    Muchos horticultores y agricultores tienen la reputación de no dejarse convencer fácilmente por las innovaciones. Sin embargo, el sector agropecuario se ha transformado gracias a todas aquellas innovaciones como la computarización y la globalización que también afectan a otras ramas de la economía. Este sector tampoco carece de crisis regulares y frecuentes que empujan hacia la experimentación, como son el aumento de los precios por la energía y los fertilizantes o las restricciones de plaguicidas por razones de resistencia y prohibiciones.

    Por lo regular, el usuario carece de estándares de calidad reconocidos por toda la industria que le ayuden a seleccionar entre diversos productos de microorganismos. El problema empieza con la concentración de los ingredientes activos declarados en la etiqueta. Solamente se puede comprobar la concentración por medio de análisis costosos. En consecuencia este aspecto vital se vuelve una cuestión de confianza hacia el proveedor. Por tal razón unos pocos productos de calidad dudosa pueden dañar la reputación de toda una industria, principalmente cuando proveedores poco serios hacen promesas exageradas para realizar ventas rápidas.

    Con el creciente interés en los productos y con un mayor volumen de ventas, aumenta el número de productos de alta calidad disponibles y el reconocimiento de marcas por parte del consumidor. Nosotros miramos con buenas expectativas hacia el futuro y opinamos que las innovaciones que se establecerán al final son aquellas que aporten un valor agregado real.

    ¿Se pueden usar microorganismos del suelo en la parte foliar para controlar enfermedades o como biofertilizantes?

    Para los hongos micorrícicos es imposible crecer en la parte foliar. Se tienen que aplicar forzosamente en la cercanía las raíces. La situación cambia en el caso de bacterias y hongos de vida libre provenientes de la rizósfera. Normalmente pueden crecer en la parte foliar de la planta mientras que encuentren una base alimenticia. Sin embargo, se enfrentan a una serie de problemas que les dificultan la conquista de este hábitat.

    El suelo y la rizósfera abastecen una abundante oferta de alimento orgánico, pero la cutícula de las hojas carece casi por completo de nutrientes (filósfera). Bacillus y Trichoderma no se pueden desplazar activamente; se propagan creciendo en un medio de cultivo por la formación de colonias y micelio. Inmovibles, sin fuente de energía y expuestos a los peligros del desecamiento y la radiación ultravioleta, casi no pueden aportar a la protección o fertilización de la planta.

    Excepciones

    Existen algunas aplicaciones exitosas de microorganismos del suelo en la parte foliar, a pesar de las condiciones adversas de este ambiente. Por ejemplo, tratando la salida de una colmena de abejas con Trichoderma se puede lograr que las conidias se adhieran a las patas de los polinizadores que pisan por el área. Así los transportan a las flores de fresa donde participan en la prevención de Botrytis en el cuaje de los frutos. Nuestros microorganismos antagónicos del suelo también pueden ejercer una cierta función protectora para el cuello de la planta que sufre una mayor amenaza por problemas de pudrición.

    ¿Se puede promover un crecimiento selectivo de los microorganismos benéficos?

    Nuestros microorganismos de vida libre extraen energía de la descomposición de materia orgánica. Para esto necesitan una gama de suplementos que se adicionan a un medio de cultivo en el cual se hacen crecer en el laboratorio. Agregando estos compuestos al suelo, todos los microorganismos los aprovechan sin importar si se trata de especies benéficas o dañinas. Por lo tanto, no es posible promover exclusivamente el desarrollo de los microorganismos deseables.

    No obstante, se recomienda la aplicación de compuestos que promueven el crecimiento de los microorganismos del suelo en general. Una comunidad biológicamente activa y ecológicamente estable en el suelo resulta en plantas menos susceptibles a los ataques de patógenos. Siempre se debe evitar la aplicación de fuentes de energía de rápido acceso, como azúcares que se digieren fácilmente. La vida microbiana también se ve favorecida por materiales con microcavidades que propician un ambiente benigno para su crecimiento.

    Nuevos enfoques

    Aparte de estas consideraciones generales, existen intentos recientes de favorecer exclusivamente el crecimiento de microorganismos deseables. Algunos compuestos a base de polifenoles se consideran como mensajeros que estimulan la colonización de las raíces por hongos endomicorrícicos. La aplicación de medios de cultivo selectivos en la cutícula de la parte foliar que normalmente carece de nutrientes promueve el crecimiento de microorganismos específicos. Sin embargo, estas estrategias todavía no se han podido establecer a nivel comercial.